El señor Laborde se sintió aliviado cuando se fue a vivir al campo y descubrió que la gente de allí no respetaba las leyes como en París. En la capital no soportaba la “estúpida” ley que obstaculizaba su trabajo. Un maldito “estatuto” que exigía que los cadáveres debían ser enterrados… en vez de dejárselos a él.Read more...