Ser introvertido no es sinónimo de misantropía, ni de timidez, tampoco es ser antisocial. Es simplemente un tipo de personalidad compartido por la mitad de las personas en el mundo, no por un puñado de "bichos raros".
En algún momento ser introvertido se consideró como un desorden psicológico. En occidente las personas extrovertidas tienden a ser mejor valoradas, esa característica de un individuo que le permite tener interaccciones sociales casi sin parar resulta muy útil cuando lo opuesto en ocasiones es percibido incluso como hostil. La sociedad glorifica la extroversión, pone en un pedestal a los que se exponen demasiado, andan en manada y hacen mucho ruido.
Mucha gente aún piensa que ser introvertido es malo, pero en un mundo como la actual en el que tenemos Internet y redes sociales, y tantas personas se alimentan de exponer sus vidas al público para que todos vean lo qué hacen, lo qué tienen, o con quiénes están; no resulta difícil imaginar como cada vez más individuos prefieren mantenerse alejados de todo eso y no sentirse avergonzados por ello.
Más común de lo que parece
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Contrariamente a la creencia de que los introvertidos son una minoría de gente rara y poco sociable, los psicólogos creen que la mayoría de las personas somos una combinación de introvertido y extrovertido. La mitad de la población mundial se identifica a sí misma como introvertida, pero la sociedad continúa insistiendo en que la extroversión es lo "correcto", haciendo sentir mal a aquellos que se alejan del ideal.
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